Comer la mente, comer ideas... ¿comer? Una opinión.

¿Qué función cubre la mente en el acto tan cotidiano de comer? ¿Acompañarte? o ¿asumir su rol de mente en el alimento con el que nutres tu salud y tu cuerpo? ¿Comes para alimentarte o para alimentar la mente? Quizás son preguntas que en clave de contexto jamás nos hemos llegado a plantear, y hoy, sea en el momento en que leas esto, espero que juntos, podamos por lo pronto cuestionarnos los valores de la nutrición convencional, a los que podemos estar acostumbrándonos, quizás, por exceso. Es particularmente en la nutrición que los entornos más accesibles alcanzan su influencia en una lógica de sociedad de consumo, que nos refuerza positivamente, junto con el valor cultural aparejado al que asociamos los alimentos. Establecemos relaciones de conducta social a través del comer y no es ninguna casualidad, llega a ser algo manifiesto y deliberado. Vamos a acompañarnos en este artículo de opinión para desgranar lo que todo esto significa, con la psicología como punto de unión entre tu y yo.


El comer ha llevado y lleva en su ADN un aprendizaje en el contexto nada desdeñable, adquiriendo una función que lleva per se unas consecuencias. ¿Cuántas veces creas unas reglas verbales en tu interior, para decirte a donde quieres aspirar con tu cuerpo cuando te alimentas, o si estar en según qué peso/Índice de Masa Corporal nunca es satisfactorio? Son reglas que contextualmente se valoran si llevan ante sí a según qué tipo de cuerpo. Es en la aspiración a cuerpos con caracteres externos idealizados, en los que se aprende a vincular lo ideal con estatus, o con una imagen de uno mismo deseable. Las redes sociales alimentan el “cuerpo ideal” creando una falsa falacia de salud. No son pocas las reacciones ante quienes comparten en sus publicaciones cuerpos fuera de esta norma, recibiendo ese característico feedback hiriente/castigante si se me permite, con la justificación de que se normalizan condiciones que se llegan a tildar de “enfermedad”. La etiqueta de obesidad está sobre-extendida y sobre-juzgada. Me atrevo a posicionarme exponiendo que quien tiene el poco tacto para generar ese tipo de juicios resulta como poco miserable. En la experiencia de quienes sufren lo ideal y quienes no, se palpa la peligrosidad de restringir el espectro de alimentación a solo ciertos perfiles de cuerpo o de alimentación. En efecto genera mucho sufrimiento y con ello no pretendo si es tu caso ante la lectura, victimizarte, tan solo pretendo sensibilizar, aportando que el cuerpo no merece situarse en la dicotomía de idealización ni culpabilización, si acaso merece validación. Ni entrar momentáneamente al “oscuro” terreno de los procesados es irracional ni evadir la alimentación que se consideraría saludable tampoco. Aspirar y cuidar de la salud es un proceso flexible.




Es probable que asumir el control constante de un futuro cuerpo deseable de manera rígida nos esté evitando disfrutar del cuerpo que disponemos ante nosotros, de atender sus necesidades nutricionales en el presente. Cuando comemos automáticamente según que comidas porque llevan aparejadas ciertas ideas, es probable expresar que estamos comiendo ideas, no alimentos. Cuando nos alimentamos en el presente, no estamos identificándonos con las ideas, apreciamos unos sabores, tactos y olores que nos hacen disfrutar o no de lo que comemos. Sea cual sea la experiencia, merece la pena ser vivida en apertura y con coherencia a los valores de tu dirección de vida. La verdad, no resulta agradable generar un discurso en el que la comida aspira a una clase de satisfacción insatisfecha. La comida tampoco es algo ajeno que llega a nuestra mesa y esta descontextualizado de origen y causa. Tiene una interdependencia clara. Para que un alimento llegue hasta nosotros, ha pasado por muchos procesos en los que el esfuerzo y la dedicación de muchas personas influyen ante ello. La suma de cada parte nos lleva a entender que nuestros comportamientos contrario a como se nos hace ver en ambiente, no son ajenos ni individuales, tienen interacción y efecto. La alimentación es también un ejemplo de correlación con el impacto medioambiental en todo su conjunto ¿Es por ello que nuevamente debiera suponer una súbita clase de obsesión con las ideas ecológicas por ejemplo? En ningún caso no. Es compatible adaptar una alimentación consciente sin mediar esa especie de fusión inamovible y estricta con las ideas. Los comportamientos y las acciones que se comprometen a según que valores, no necesariamente nos alejarán de vivir un presente elegido. Tan solo son un vehículo al que podemos decidir cuando subir, cuando no, y para que atenderlo.


Desde aquí invito a que disfrutes de tu alimentación y a rechazar los discursos que atentan contra la integridad humana. Aprendamos a comer conscientemente conviviendo con las ideas sin necesidad de alimentarnos de ellas, con perspectiva de salud equilibrada y flexible al mismo tiempo. En Adomini dispones de profesionales de la nutrición sanitaria que tendrán gusto siempre de acompañarte y asesorarte. Como siempre, todo mi apoyo y un cálido abrazo.


José Manuel Garcia Bustos, Psicólogo General Sanitario de Adomini


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