• Kike Laporta Berki

Compasión y autocompasión para la humanidad.

Una atención escuchante basada en el eterno aprendizaje, o lo que muchos identificarían como “la mente del principiante”, es el resultado de la identidad que uno construye de manera consciente. De esta identidad en constante construcción y/o deconstrucción nunca tenemos certezas, más las dudas que acercan el conocimiento permiten plantearnos lo que para cada cual, concierne vivir de verdad. De la duda metódica para creer ante la incerteza, adquirimos el ejemplo de los mentores como vías de referencia iniciática. Desde que uno camina y se ve sostenido por las manos de sus padres para aprender a situar sus primeros pasos, en la vida existe un sostén de sabiduría que refleja las enseñanzas más genuinas, que trascienden cualquier noción teórica, atemporales, enfocadas a “caminar” cuando nos planteamos en la cuestión de los primeros pasos.


Me encamino a defender el valor de la mentoría en el sector sanitario, desde todos sus ámbitos como vía de evolución del cambio y la evolución profesional global/sostenible. Existe el miedo al salto generacional acompañado, lejano a la empatía de quienes empezaron ante quienes empezamos. La resonancia de incorporar nuevos perfiles, dotando de oportunidad y desarrollo profesional, sin asumir lo que implica una carencia de experiencia o de especialidad, es la resonancia del mantenimiento de la sanidad, y en ello sumamos todas y todos: fisioterapia, enfermería, medicina, psicología... extendiendo a cualquier trayectoria laboral. Es apertura ante nuevas miradas compasivas, que no condescendientes, y sobre todo es una perspectiva de autocompasión.


Rescatando a un mentor, compañero de profesión, el me hizo visible una perspectiva nueva de lo que atribuía como compasión, y lo pongo a disposición con toda mi paz para ti que me lees. Tal mentor, me atraía un testimonio del actual Dalai Lama en el que explicaba lo siguiente: “cuando un ladrón entra en mi casa, lo primero que me permito es dispararle en las dos rodillas. Estando dolorido, le cubro con un manto cálido y apacible, lo cuido presentemente aliviando sus heridas y lo llevo al hospital. Es aquí mi compasión”. Sea o que ocurriera de manera exacta, esas fueron las palabras de mi mentor reflejando en este caso al Lama, y me estaban enseñando. Puede chocar notablemente, que cuando hay intencionalidad de otros por invadir nuestra morada o dañarnos, les arropemos, pero lejos de quedarnos en la superficialidad de los actos, lo que mi mentor entonces mostraba, refiere a algo más esencial. La compasión es la actitud definida por acciones que, bajo la puesta de límites, desde el no-juicio, encuentran, arropan y acompañan el sufrimiento humano, otorgando también la trascendencia de la violencia o la injusticia. La psicología académica ha conceptualizado la compasión bajo varias descripciones tales como: «sentimientos, cogniciones y comportamientos que se centran en el cuidado, la preocupación, la ternura y una orientación hacia el apoyo, la ayuda y la comprensión de los demás, especialmente cuando se percibe que el otro está sufriendo» (Neff, Hsieh y Dejitterat, 2005). Además, como: «Una apertura sin prejuicios y con comprensión del sufrimiento de uno mismo y de los demás, lo que implica la motivación y el comportamiento para aliviar ese sufrimiento» (Neff et al., 2007).


Cuanto extraigo hasta ahora, refiere a que una compasión real y verdadera, se acerca, no juzga, comprende, pone límites, y conforta ante el sufrimiento humano. No con ello obviamos las variables del sufrimiento ni ensalzamos una ingenuidad ajena o que evite el dolor, más bien, otorgamos el contexto desde el que aceptamos el dolor del otro, en su angustia vital transitoria, para crear un entorno cultivante de la bondad sanadora. Bondad que por otro lado confronta el odio y planta alternativas a la iniquidad. Ponte en idea de tu propia experiencia, del acompañamiento al amigo que vive una tristeza vital o de quien atraviesa una dificultad y nos mostramos abiertos a acompañar: “Estoy contigo y deseo escucharte, ¿qué necesitas?”, “La tristeza que atraviesas no te resultará agradable, ¿qué te preocupa?”, “Deseo comprenderte, con el dolor natural de lo que vives, ¿qué es lo que te genera sufrimiento?”, “¿Podemos elegir juntos la manera en que lo experimentamos y cuidarnos en todo ese proceso?”.


En la misma dinámica de plantear compasión en lo que nos sucede bajo un propósito de alivio del sufrimiento, damos con las claves de lo que ahora describiremos como autocompasión. Es precisamente que la autocompasión deviene en darnos a nosotros mismos, el cuidado, consuelo y serenidad anteriormente delimitados cuando sufrimos, sentimos que hemos fracasado o somos inadecuados (Sauer et al., 2012; Thich Nhat Hanh, 1975). Implica, por tanto, según Neef (2012), una apertura a situar nuestro propio sufrimiento, no desconectarnos del mismo, siendo que, nuevamente en la bondad, generamos compresión no enjuiciadora al dolor o los fracasos, de tal modo que la experiencia de uno se vea como parte de la experiencia humana más amplia.


La compasión y la autocompasión han demostrado ser eficaces como componentes en la prevención de recaídas, dentro de las terapias de tercera generación basadas por ende en el análisis funcional de la conducta humana. Estas terapias son la evolución del tratamiento cognitivo-conductual y comprenden el tratamiento de elección eficaz en la salud biopsicosocial. Se encuentran a este respecto evidencias empíricas en Bowen, et al. (2011), Segal, et al. (2002), Strauss, et al. (2014) que quedarán referenciadas.


En todo, concluyo invitando a que cuides de tu autocompasión. Que, si te sirve, permitas la presencia de la compasión en tus relaciones y abras posibilidades de aliviar el sufrimiento conforme sientas. Te mando un cálido abrazo.


José Manuel Garcia Bustos, Psicólogo General Sanitario de Adomini.


Referencias


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Bowen, S., Chawla, N. y Marlatt, G. A. (2011). Mindfulness-based relapse prevention for addictive behaviors: A clinician’s guide. New York, NY: Guilford Press.


Hervás, G., Cebolla, A., & Soler, J. (2016). Intervenciones psicológicas basadas en mindfulness y sus beneficios: estado actual de la cuestión. Clínica y salud, 27(3), 115-124.


Neff, K. D., Hsieh, Y. P. y Dejitterat, K. (2005). Selfcompassion, achievement goals, and coping with academic failure. Self and Identity, 4(3), 263-287. http://dx.doi.org/10.1080/13576500444000317


Neff, K. D., Rude, S. S. y Kirkpatrick, K. L. (2007). An examination of self-compassion in relation to positive psychological functioning and personality traits. Journal of Research in Personality, 41(4), 908-916. http://dx.doi.org/10.1016/j.jrp.2006.08.002


Neff, K. (2012). Sé amable contigo mismo: el arte de la compasión hacia uno mismo. Barcelona: Oniro.


Sanjosé, A. M., Liria, A. F., Vega, B. R., Tarreros, A. P., Pérez, C. B., Sastre, B. A., & Pérez, A. I. M. (2019). Mindfulness y compasión en el Sistema Nacional de Salud. RIECS: Revista de Investigación y Educación en Ciencias de la Salud, 4(1), 94-102.


Sauer, S., Walach, H., Schmidt, S., Hinterberger, T., Lynch, S., Büssing, A., et al. (2012). Assessment of Mindfulness: Review on state of the art. Mindfulness, 4(1), 3-17. http://dx.doi.org/10.1007/s12671-012-0122-5


Segal, Z. V., Williams, M., & Teasdale, J. (2002). Mindfulness-Based Cognitive Therapy for Depression. New York, NY: Guilford Press.


Strauss, C., Cavanagh, K., Oliver, A. y Pettman, D. (2014). Mindfulness-based interventions for people diagnosed with a current episode of an anxiety or depressive disorder: A meta-analysis of randomised controlled trials. PLoS One, 9(4), e96110. http://dx.doi.org/10.1371/journal.pone.0096110


Thich Nhat Hanh. (1975). The Miracle of Mindfulness. Beacon Books.

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