Desgaste por empatía

La empatía es un término que se ha estudiado desde la perspectiva de numerosos puntos de vista, y aún hoy existe cierto desacuerdo en cuanto a qué significa y qué implica… Pero no vamos a centrarnos en lo que no sabemos, sino en lo que ya conocemos acerca de esta maravillosa capacidad que tenemos las personas.


La empatía se puede definir como el vehículo que conecta a dos personas y les ayuda a comunicarse a través del envío de información esencial sobre el otro (qué es lo que está sintiendo). Básicamente, la empatía nos conecta y nos ayuda a comunicarnos a partir de ayudarnos a saber cuáles son las sensaciones que está experimentando la persona que tenemos delante.





Sin embargo, y a pesar de lo positiva que pueda llegar a parecer la empatía para la comunicación humana, existen grupos de profesionales que pueden llegar a sufrir consecuencias negativas derivadas de este fenómeno.


El desgaste por empatía, se define como la consecuencia o el conjunto de consecuencias negativas derivadas de una relación de ayuda a una persona que sufre. Con esta definición, podemos imaginarnos qué profesionales están, o podrían estar, influenciados por este fenómeno: psicólogos, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales, médicos, enfermeros… Todos ellos guardan un aspecto común en su trabajo diario, y es la relación directa con personas que sufren, y además una de sus principales herramientas de trabajo en el día a día es la empatía; ésta les ayudaría a construir relaciones con sus usuarios/pacientes de una manera más humana y por tanto les permitiría ejercer mejor su profesión.


Llegados a este punto, muchos estaréis ya pensando: ¿cómo podemos actuar frente al desgaste por empatía? En psicología, llevamos estudiando muchos la importancia que tiene el conocerse a uno mismo, así como las herramientas para ser capaces de hacer frente a la relación constante con el sufrimiento de nuestros pacientes. Por tanto, desde esta disciplina se suele recomendar el desarrollo de un plan de autocuidado que permita al profesional desconectar y recargar energía para poder volver a trabajar más descansado. Dormir bien, relacionarse con familia y amigos, leer, escuchar música… sea lo que sea, debe llevarse a cabo para evitar las consecuencias de la empatía.



Otra estrategia debe ser el estudiar a fondo la empatía. Este fenómeno puede llegar a convertirse en un aliado aun más poderoso si logramos controlarlo, pero para ello hemos de conocer cómo funciona. Para resumir, la empatía actúa tanto a nivel emocional como físico, esto es: nos permite sentir qué es lo que siente el otro a partir de lo que nos transmite no solo con la voz, sino con su cuerpo. La postura, el volumen de voz, el tono, la mirada… todo ello son informaciones que nuestro cerebro recoge e interpreta y nos ayuda a conectar con esa persona aún más, sin embargo, numerosos estudios han demostrado que tendemos a “imitar” a las personas con las que interactuamos (mecanismo patrocinado por nuestra amiga la empatía) y por ello, si la persona está sufriendo y nosotros la imitamos físicamente, tenemos más probabilidades de conectar con ella, pero también de sentir su sufrimiento como nuestro a pesar de no haber vivido la misma situación traumática que lo provocó en un primer momento (consecuencia del desgaste por empatía).


Para más información acerca de la empatía, Babette Rothschild escribió un magnífico libro que hoy recomendamos desde Adomini: “Ayuda para el profesional que ayuda”. En el que se incluyen explicaciones pormenorizadas de la empatía, sus efectos y cómo aprender a usarlos a favor del profesional para que no le afecten negativamente.



José Nogueiro

Psicólogo sanitario y educativo

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