¿Dormir significa descansar?

Actualizado: jul 25

¿Qué opinas, que crees, que consideras al respecto de esta duda? Por lo pronto si algo está claro que nos une a los seres humanos entre muchas cosas es que dormimos, necesitamos dormir y en este artículo vamos a explorar juntos porque y para qué.


Cuando te hago la pregunta de si dormir significa descansar en el título de este artículo, es precisamente porque en realidad no siempre dormir implicará descanso. Hay personas para las que dormir y en extensión descansar requiere un esfuerzo titánico y no lo consiguen o al menos no de la manera que esperan. ¿Por qué es esto? Como siempre digo y diré: depende. Como todo comportamiento, el dormir no es ajeno al ambiente que lo sustenta junto con lo que obtenemos en consecuencia, que pudiera ser, o no, descanso. Es decir, supone una cadena en la que si nuestro ambiente (habitación, luz, temperatura, tipo de almohada...), en relación con nosotros (nuestros pensamientos, emociones y conductas) suman las condiciones que nos ayudan a dormir será más probable que lo consigamos. Ahora bien, para muchas personas, dormir es un acto espontáneo, es decir, no se plantean tales cuestiones de manera deliberada, duermen y llegan al sueño con la misma facilidad con la que uno se bebe un vaso de agua, sin idearse más que el hecho de tumbarse en la cama y descansar. Para estas personas y en general, no existe un método exacto, pero paradójicamente, cuando tenemos la intencionalidad de pensar que necesitamos dormir, estamos indirectamente creyendo la posibilidad de que no podemos ni podremos hacerlo (Barraca, 2007) ¿Cómo es esto? Si yo te digo ahora o tú mismo te lo dices para tus adentros: “no pienses en un coche amarillo”, ¿consigues no pensar en ese coche amarillo? Seguramente contrario a no pensar, se te venga a la cabeza el coche amarillo. Si tu cabeza repite “voy a dormir y voy a descansar”, o intentas dejar la mente en blanco, imaginar lugares relajantes, en el mismo proceso de pensar e intentar muchas y muchas técnicas externas para dormir, y por el efecto paradójico que supone, no duermes. A lo mejor, con ello es probable que uno no duerma por algo que tilda de importante, preocupaciones vitales, algo por resolver... Es normal, desatenderlo sería como mentirnos a nosotros mismos. Veremos un poco después que atender estos aspectos no tiene por qué acarrear necesariamente dejar de dormir o dormir peor, aunque parezca contradictorio. En cualquier caso, como ves, dormir o no, no es el problema, a lo que quiero llegar en este caso, es que, si nuestro pensamiento toma las riendas de nosotros y no nos deja dormir, o siendo que el ambiente no es el propicio entre muchos ejemplos, redunda en que no descansemos o que sea la fuente de otras dificultades.


¿Qué podemos hacer para dormir y descansar? Mas bien persiguiendo una respuesta no conseguiremos más que impedir que acontezca. En cambio, si hay preocupaciones que te impiden conciliar el sueño, puedes hacerte cargo para resolver lo que necesites en el momento (tareas, planes, quehaceres, autocuidados...), y si no puedes en el momento, ya habrá otro momento en el que puedas, compromete de manera realista y cuando así te sea posible. Los pensamientos son tan solo eventos que suceden y del mismo modo en que ocurren, si nos distanciamos de ellos y los observamos pasar, se irán, no son permanentes al igual que no es permanente el tiempo ni la realidad. Dicho pues, ¿de qué puedes ocuparte en el momento para dormir? Se coincide de acuerdo, a la Sociedad Española de Sueño (2016) en varios puntos que se conocen como higiene del sueño y que espero te ayuden:


- Elimina especialmente la innecesaria exposición de luz que tengas a tu alrededor (dispositivos electrónicos, sobre todo), al igual que el exceso de ruidos que puedas, antes de dormir.

- Asegurarte en la medida de lo posible lograr una temperatura que consideres neutra, es decir, ni excesivo frío ni calor. Ello puede favorecerte un sueño de buena calidad.

- Si puedes elegir un colchón, una almohada y/o la ropa de cama que favorezcan tu propio sueño, ocurre muy parecido a lo anterior, es una condición que suma a nuestro descanso.

- Tanto el exceso como la privación de sueño son perjudiciales para el sistema metabólico, endocrino e inmunológico. Marcarse horarios estables en torno a las 7-9 horas durante la noche, es recomendable, a la par que limitar la permanencia en la cama únicamente a estas horas.

- Regulariza tu horario de acostarte y despertar. Intenta que sea estable y no varíe

excesivamente de un día a otro.

- En caso de ser fumador y/o consumidor de alcohol, evita estas conductas durante las dos horas o incluso unas cuantas antes de acostarte; y en el caso de la cafeína y/o estimulantes (teína, por ejemplo, en conjunto, bebidas, alimentos o medicinas con estas particularidades), después de las 16-17 de la tarde, o 6 horas antes de acostarse.

- Algunas recomendaciones también son: ejercicio físico regular a una hora adecuada, 2- 3 horas antes de acostarnos, estimula el sueño; rutinas que las sientas agradables y relajantes (por ejemplo, pueda ser: una ducha relajante, escuchar música...) antes del sueño, asociándolas a dormir. Estas permiten acceder al descanso muy cómodamente.

- A cambio, no es recomendable que la cama sea el lugar de las preocupaciones, de ver la TV, de comer, etc. Si, a cambio, que este fuertemente asociada al dormir y las relaciones sexuales, fortaleciendo la correlación psicológica entre la cama y el sueño.

- Si a pesar de todo no se duerme en un tiempo considerable, es mejor levantarse, salir de la habitación y hacer otra actividad relajante (leer un libro, escuchar música) hasta que se sienta sueño nuevamente en cuyo caso volveremos a la cama.

Llama especialmente la atención como la literatura divulgativa argumenta la necesidad del descanso explicándolo en clave “negativa”, desde la vivencia de las enfermedades que se pueden cronificar si no se atiende correctamente. Lejos de esa realidad, quiero dar otra perspectiva de porque dormir con su respectivo descanso lleva más bien aparejados beneficios para la salud que explican a la vez él porque es importante enfocarnos a cuidar de nuestro descanso independientemente de evitar la enfermedad (National Institutes of Health, 2013):

- Durante el sueño, podemos imaginarnos nuestro cerebro como una especie de orquesta en la que toda la actividad está mucho más sincronizada por así decir, como si todas las señales se dirigieran en torno a este órgano casi de manera única y exclusiva, al mismo tiempo (Mariño, 2013). Esto cumple una función, durante el sueño procesos que hemos puesto en marcha durante el día como la memoria, el razonamiento, la resolución de problemas y la atención a los detalles, quedan en cierta manera correctamente guardados. Un sueño saludable nos proporciona en definitiva claridad de pensamiento, mejores reflejos y mejor concentración.

- Con el paso del tiempo, el sueño saludable es un factor protector contra la depresión.


Suele predecir además un estado anímico más favorable y con menos irritabilidad.

- A nivel corporal, el sueño saludable, en definitiva, un descanso reparador, proporciona mantenimiento de nuestras hormonas de crecimiento y del estrés a niveles óptimos; también en nuestro sistema inmunitario, el apetito, la respiración, la presión arterial y la salud cardiovascular. Físicamente, el sueño equilibra casi todos los tejidos de nuestro cuerpo.

- El sueño saludable puede proteger del riesgo de obesidad, enfermedades del corazón e infecciones. Esto se debe a que, durante el sueño, se liberan una serie de hormonas que ayudan a la reparación celular y monitorizan la energía química del cuerpo ayudando al peso corporal.


Espero que te resulte útil y que duermas muy bien, pues el descanso es vida, salud y necesidad como puedes comprobar. Disfrutar del sueño reparador es disfrutar de todas esas cualidades con las que aferramos nuestra naturaleza humana. Te deseo una merecida parada para descansar y mucha salud.


José Manuel Garcia Bustos, Psicólogo General Sanitario de Adomini


Referencias


Barraca, J. (2007). La Mente o la Vida: Una aproximación a la Terapia de Aceptación y

Compromiso. Bilbao: Ed. Desclée de Brouwer, colección Serendipity.

Mariño, X. (2013). Neurociencia para Julia. Pamplona: Laetoli.


Maroto Serrano, M. A. (2009). In Pinto Fontanillo J. A. (Ed.), Dormir bien: Programa para la mejora del sueño (1st ed.). Madrid: Instituto de Salud Pública. Consejería de Sanidad. Comunidad de Madrid.


Merino-Andreu, M., Álvarez-Ruiz de Larrinaga, A., Madrid-Pérez, J.A., Martínez-Martínez, M.A., Puertas Cuesta, F.J., Asencio-Guerra, A.J., et al. (2016). Sueño saludable: evidencias y guías de actuación. Documento oficial de la Sociedad Española de Sueño. Rev Neurol, 63 (Supl 2): S1-27.


National Institutes of Health (NIH) (2013). Los beneficios de dormir. Por qué hay que descansar bien durante la noche. Recuperado 14 de julio de 2020, de NIH website: https://salud.nih.gov/articulo/los-beneficios-de-dormir/


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