El autocuidado o voluntad genuina del cuidado de la salud mental

Porque así es querido lector. La acción deliberada y dirigida a otorgar contacto a lo que nos cuida. Aquello que precisamos como fin y medio para el bienestar, es materia y esencia de todo lo que implica hacernos cargo de la salud mental. Vamos a adentrarnos profundamente en el contraste que ambas dimensiones de nuestra existencia comprenden en el entramado del comportamiento y del contexto.


De donde partimos...


Rescatando la cosmovisión de la concepción de la salud vigente en nuestros días, que desarrollé en perspectiva de responsabilidad con el artículo “Ser responsables de la salud”, te invito a visitarlo si no lo has hecho, te lo dejaré referenciado... Pues bien, de esta cosmovisión extraigo el impulso humano a encaminarse a aquellas conductas que acercan los estados promotores de la salud. Estado a la par, autónomo y con cualidad de equilibrio de funcionamiento. Es decir, no estamos sujetos a las decisiones que nos alejan de la enfermedad, más bien, desde este estado de funcionar, estamos decidiendo sobre lo que nos acerca a la salud.


¿Pero qué pasa exactamente con la salud mental en España? El estigma.


Tal y como concebimos la salud, sabemos que lo psicológico, lo biológico y lo social, se integran en el mismo cuerpo. Pero en lo particular, la salud mental, ha tenido que encontrar su lugar trascendiendo muros de estigma, desde percepciones tan amplias como la población general y los propios profesionales sanitarios (Navarro y Trigueros, 2019). Muy generalmente, podemos situar este tipo de discriminación como actitudes negativas e incapacitantes en torno al acceso y la repercusión que tiene en las personas la salud mental. En definitiva, reducir lo que otorga humanidad al ser humano cuando accede a un servicio de salud mental sea psicología, psiquiatría, sanidad en general... precisamente definiendo su ser exclusivamente desde la visión de enfermedad, la etiqueta diagnóstica, desligando la vida con todas sus áreas... No obvia que cada vez más, se percibe que en específico la práctica de la psicología clínica adquiere creencias en la población de que es útil y eficaz, siendo que en consecuencia hay más satisfacción con este servicio (Berenguer y Quintanilla, 1994; Buela-Casal et al., 2005; Consumer Reports, 1995; Fernández-Rodríguez, 2020; Seligman, 1996). A lo que deseo llegar y que llegues, es que, de una manera u otra, sabiéndonos en el impacto del estigma en salud mental, y en clave de los servicios que han demostrado ser necesarios, útiles y eficaces, aún hoy accedemos a la salud mental solo ante un problema, siendo que aún así sigue siendo insuficiente. Es decir, además, los problemas por los que se demanda asistencia psicológica solo representan una mínima parte de la compleja prevalencia existente (Labrador, et al., 2010). También redunda en algo más estructural, la salud mental ha estado (Santolaya et al., 2001) y me atrevería a decir que está marcadamente establecida en el ámbito privado. España en su contexto político-económico, sigue relegando la salud mental fuera de lo público, y de estarlo, sigue precariamente inaccesible, con listas de espera desorbitadas, tiempos de sesión mínimos, espaciamientos de un mes o más entre sesiones psicológicas, y, sobre todo, con carencias de inserción laboral (Alonso, et al., 2019).


Lo que nos cuida, el autocuidado en salud mental


De existir mayor y mejor accesibilidad en salud mental, ¿acudirías querido lector? La salud mental, no es el último recurso al que acercarnos siquiera cuando estamos desbordados por uno o varios problemas vitales. Es un continuo central en la vida humana. La psicología puede acompañarte en todos tus procesos de vida que necesites para cuidarte sin ánimo paternalista. La vida como continuo aprendizaje está formada por muchos rasgos que la hacen propia, y que no son patologías: el dolor y sufrimiento humanos, tus valores, tu motivación, las emociones que experimentas, tu comportamiento, tu desarrollo... En todo ello, la idea de autocuidado se concibe como aquellas habilidades con las que manejamos nuestras emociones, permitiéndonos de manera activa y consciente cuidar para promover el bienestar personal y colectivo (Cantera y Cantera, 2014). Pero esto es solo una definición, ¿te atiendes? ¿Eres consciente de como te cuidas? Pueden existir las situaciones indeseables o deseables de la experiencia vital, y en todas

ellas, a pesar de, o en beneficio de, tenemos la soberanía sobre nuestro cuidado psicológico. Una emoción de tristeza, por ejemplo, nos conecta con una pérdida (de rol, de actividades que nos gustaban, de una persona, de algo que ansiábamos, etc.) pero además funciona para recordarnos la importancia de un valor en nuestra vida al que cuidar. Pudiera ser que, volviendo nuevamente al ejemplo de la cuarentena, sientas echar de menos a tus seres queridos, y en contexto, puedes orientar tu emoción a sentirte presente con ellos encaminando comportamientos consecuentes. En otro término, sabiéndonos del miedo normal de estos días, en este caso, conectamos con la acción ante una amenaza percibida. El miedo funciona con ánimo de generarnos posibilidades de protegernos, luego, de nuevo, volvemos al autocuidado. De todo, puedes concederte tiempo desde el que ser comprensivo contigo mismo, no juzgarte y, en suma, evitar castigarte. Las personas hacemos todo lo que podemos y, aun así, los sucesos de gran magnitud, inesperados y de graves consecuencias impactan, es normal, razón por la cual mereces legitimar lo que sientes otorgándote derecho a sentirlo, invitando a que tenga un lugar de valor en favor de tu cuidado psicológico. Termino citándote a Hemingway como una ejemplificación a la que puedes adherirte si así deseas:


“Trata de aprender a respirar profundamente, a saborear la comida cuando comes y, cuando duermas, a dormir como un tronco. Intenta estar vivo de verdad con todas tus fuerzas, y cuando rías, ríe hasta partirte de risa. Y cuando te enfades, enfádate bien. Trata de estar vivo. Porque ya estarás muerto suficientemente”.


José Manuel Garcia Bustos, Psicólogo General Sanitario de Adomini


Referencias


Alonso Gómez, R., Lorenzo Reina, L., Flores Méndez, I., Martín García, J., & García Briñol, L. (2019). El psicólogo clínico en los centros de salud. Un trabajo conjunto entre atención primaria y salud mental. Atención Primaria, 51(5), 310-313.


Berenguer, G., y Quintanilla, I. (1994). La imagen de la Psicología y los Psicólogos en el Estado español. Papeles del Psicólogo, 58, 41-68.


Buela-Casal, G., Teva, I., Sierra, J.C., Bretón-López, J., Agudelo, D., Bermúdez, M.P., y Gil, J. (2005). Imagen de la Psicología como profesión sanitaria entre la población general. Papeles del Psicólogo, 26(91), 1-38.


Cantera, L. M., & Cantera, F. M. (2014). El auto-cuidado activo y su importancia para la Psicología Comunitaria. Psicoperspectivas, 13(2), 88-97.


Consumer Reports (1995, Noviembre). Mental health: Does therapy help? pp. 734-739.


Crespo Serrano, G. (2020). Guía de apoyo psicológico y autocuidado para profesionales de la emergencia sociosanitaria por el COVID-19. Recuperado 22 de mayo de 2020, de Vitoria-Gasteiz website:

https://www.vitoria-gasteiz.org/docs/wb021/contenidosEstaticos/adjuntos/es/79/63/87963.pdf


Fernández-Rodríguez, J. C., Pérez Arechaederra, D., Navea Martín, A., Nevado Rey, M. y Fouce Fernández, G. (2020). Estado actual sobre la opinión e implantación en la sociedad de los psicólogos en España. Anales de Psicología/Annals of Psychology, 36(1), 24-29.


García Bustos, J. M. (2020). Ser responsables de la salud. Recuperado 22 de mayo de 2020, de Adomini website: https://www.adomini.es/post/responsables-de-salud


Labrador, F. J., Estupiñá, F. J., & García Vera, M. P. (2010). Demanda de atención psicológica en la práctica clínica: tratamientos y resultados. Psicothema, 22(4), 619-626.


Navarro Gómez, N., y Trigueros Ramos, R. (2019). Estigma en los profesionales de la Salud Mental: una revisión sistemática. Psychology, Society, & Education, 11(2), 253-266.


Santolaya, F., Berdullas, M., y Fernández, J.R. (2001). The decade 1989- 1998 in Spanish psychology: An analysis of development of professional psychology in Spain. The Spanish Journal of Psychology, 4(2), 237-252.


Seligman, M.E. (1996). Science as an ally of practice. American Psychologist, 51(10), 1072-1079.


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