La incertidumbre de lo incierto

Leyendo hace poco a un compañero por redes sociales cuando exponía que “si al descubrir la psicología no exploras la condición humana desde un depende, es que no estás descubriendo en esencia la psicología” me paré a pensar en que punto sostenemos nuestras certidumbres vitales sin relativizarlas en función del contexto. Cuantos mensajes que se entonan abogando a la psicología ensalzan por otra parte como mantras el “todo saldrá bien”, “de los momentos difíciles hay oportunidad para extraer los mejores aprendizajes”, “estás en momento de valorarte”, “puedes llegar a tu mejor versión”, “aprovecha tu marca personal” ... Lo primero de todo, quienes somos como psicólogos, para entonarnos como mensajeros de lo absoluto, creyéndonos en la posición moral de asumir lo que creemos mejor para las personas. Tenemos perspectivas empíricas sobre el bienestar, también herramientas que permiten realizar inferencias para explicar la felicidad, el dolor o el sufrimiento humanos, pero ni de lejos se basan en un dogma. La psicología como ciencia del comportamiento no anticipa “certezas”, y menos en momentos de lo incierto. Para una persona que ha sufrido un ERTE y teme perder su trabajo, o contextos en los que familias enteras plantean su nivel de ingresos económicos disponibles para hacer frente a los próximos meses, cabe cuestionarnos en que manera el impacto de la incertidumbre significa las vidas de estas personas, sin asumir de antemano lo que necesitan, bajo mensajes que frenan la movilización del afrontamiento.

La incertidumbre ante lo incierto es normal por la propia naturaleza contextual de lo que vivimos en estos días, y por la función que cumple en sí. Lejos de asumir, invito como siempre hago en estos artículos a que reflexiones el manejo, no con el ánimo de controlar, más bien como punto de inicio en el que encontrar y encontrarte con lo que acontece, para ahondar en lo que da valor en tu vida.

¿Cómo define la psicología la incertidumbre? Genérica y tradicionalmente se ha acotado este fenómeno como el periodo en que las personas evaluamos a nivel de pensamiento, las consecuencias a confrontar de un evento que etiquetamos como dañino e impredecible (Monat, Averill y Lazarus, 1972). La incertidumbre, además, como tendencia de pensamiento desde la que anticipamos consecuencias negativas ante un evento estresante, cuya situación no es del todo clara y sujeta a control, puede paralizarnos o movilizarnos. Insta añadir que nuestra emoción consecuente puede ser el miedo, que, por otro lado, responde a una amenaza que previamente hemos interpretado. Folkman y Lazarus (1985) encontraron en cualquier caso que la incertidumbre es una fuente de estrés potente, que, sin embargo, no funciona igual para unas personas que para otras. Con el avance de la investigación en este área, se encontraron que las diferencias individuales, los rasgos de personalidad, o los componentes emocionales de la incertidumbre también juegan especial papel en como la vivimos. Entraba en juego otro constructo muy importante, la intolerancia a la ambigüedad que enfocaremos un poco más adelante.

En resumen, la incertidumbre cumple una función en la que damos cuenta de una circunstancia de la que no obtenemos un control deseado y de la que además existen consecuencias que no podemos predecir, cómo puede ser, lo que ocurra cuando salgamos del confinamiento de esta cuarentena. Como estresor, la incertidumbre puede generarnos una imagen de nosotros en la que carecemos de recursos con los que afrontar las demandas ante lo que nos ocurre. Caben varios caminos, en uno planteamos tolerancia ante la ambigüedad que vivimos (incierta y confusa), entendida como una manera más por la que comprender la incertidumbre no como oportunidad, sino como posibilidad. Una posibilidad en la que obtengo información sólida y fiable, planteo conductas que me sirvan en mi día a día, y me escucho a mí y a mi entorno para proteger/protegerme, algunos ejemplos: puedo cuidar de mi familia, incluso a otras personas prosocialmente hablando, puedo hacerme la pregunta ¿está en mi mano plantearme de que manera asesorarme ante lo que ocurre en el momento en que estoy? Y reflexionar en qué medida lo que necesito está disponible para encaminarme a ello... En el otro, somos intolerantes ante la ambigüedad, es decir, asumimos que las situaciones inciertas son agotadoras y perturbadoras, planteándose que deben ser evitadas pues resultan injustas. La diferencia redunda también en que reaccionamos prematuramente, sin concebir siquiera maneras alternativas de situarnos cuando vivimos la incertidumbre. Es obvio que lo incierto puede resultar agotador y perturbador, si bien no supone un ente rígido e inamovible, hay muchas maneras de vivirlo que coloquen en el centro a nosotros y lo que valoramos vitalmente, sin necesidad de poner la preocupación como panacea, y que decida sobre mí. Lo que se extrae pues, es que la intolerancia ante la ambigüedad guía y filtra la información que recibimos, únicamente en base a la preocupación y no frente a nuestros valores.

Sin ánimo de negar lo que vives siendo este artículo un medio por el que brindarte una psicología más presente, humana y rigurosa, deseo de corazón pueda servirte, mandándote un cálido abrazo y ánimos para seguir afrontando esta cuarentena.

José Manuel, Psicólogo General Sanitario de Adomini Referencias Folkman, S. y Lazarus, R. (1985). If it changes, it must be a process: study of emotion and coping during three stages of a college examination. Journal of Personality and Social Psychology, 48, 150-170.

Lousinha, A. y Guarino, L. (2010). Adaptación hispana y validación de la escala de respuesta a la incertidumbre. Pensamiento Psicológico, 8(15),89-99. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=801/80115648008

Monat, A., Averill, J. y Lazarus, R. (1972). Anticipatory stress and coping reactions under various conditions of uncertainty. Journal of personality and social psychology, 24, 237- 253.

Rodríguez, M. G., León, R. C., Rovella, A. T., y Herrera, M. D. (2006). Adaptación española de la Escala de Intolerancia hacia la Incertidumbre: procesos cognitivos, ansiedad y depresión. Psicología y Salud, 16(2), 219-233.

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