• Kike Laporta Berki

La semilla de Adomini

Todavía me acuerdo de ese momento exacto en el cual me reúno con mi querido compañero y amigo José en la cafetería de la que alguna vez fue nuestra facultad. Una vez más de tantas, pasando las tardes como si nunca hubiéramos salido de los mejores años de nuestra vida.


Desgraciadamente, todo acaba. Disfrutas de cuatro o cinco años idílicos rodeado de personas y emociones que prometen grandeza en cuanto termines tus tediosos años de estudio, preparándote para un realidad laboral que escapa entre tus dedos. 

"Yo quiero trabajar en la pública". No hay plazas.

"Yo quiero trabajar en la privada". Necesitas mínimo 2 años de experiencia. 

"Yo quiero trabajar en... donde sea, pero de lo mío". No seas tan exquisito, te toca lo que te toca. 

Veo en las noticias los esfuerzos de las altas esferas políticas por mejorar la situación laboral de muchas personas, subiendo el ya famoso SMI o aumentando (aunque mínimamente) las plazas públicas. 


Para aquellos grandes trabajadores que logran aprobar el examen PIR (Acceso a plaza pública de psicología) les conceden un total de 189 plazas para este nuevo 2020. ¿Sabéis cuántos nuevos psicólogos se gradúan al año es UNA sola universidad de UNA sola provincia? Una media de 200. Multipliquemos esa cifra por la de universidades en las que se imparte dicha ciencia... y nos daremos cuenta del problema que nos asola. Mientras, vemos diariamente lo difícil que está el acceso de un tratamiento psicológico subvencionado a través de la Seguridad Social...

Me da rabia saber la cantidad de amigos y compañeros de profesión que diariamente luchan por acceder a un puesto que ni siquiera cumplirá mínimamente sus expectativas, simplemente por limpiar su pensamiento de ideas aberrantes sobre su inutilidad laboral. 

Gente muy, muy preparada espera diariamente a que varias personas les digan que si no tienen experiencia, no pueden optar al puesto, viéndose obligados muchos de ellos a aceptar una cadena de prácticas nada formativas con el único objetivo de tratar de alcanzar un requerimiento impuesto de manera arbitraria. Y, si tienen suerte, alguna será remunerada para poderse pagar, al menos, el coste del transporte. 


Adomini siempre crecerá como empresa, es algo innegable. Pero la semilla de la concepción del concepto apareció de la necesidad de dar visión, esperanzas y una oportunidad a tantos y tantos profesionales en los que confiamos ciegamente, aunque apenas hayamos podido conocerles.


En Adomini creemos en las personas, en el cambio, creemos en vosotros. Recordad que juntos formamos la generación del cambio sanitario. 


Enrique Laporta Berki

Co-fundador de Adomini

65 vistas