Una reflexión y guía sobre las malas noticias

En el momento en el que la primera letra de este continuo suceder de palabras es depositada, permitiendo dotar de espacio, definiéndome acertadamente o no como psicólogo o como José Manuel García Bustos, doy cuenta de que la existencia, categórica entidad que como ser viviente experimento, entraña una visión consciente de realidad donde se dan supuestos comportamentales entre los que mediante el percibir del observador sensible, suceden en una voluntad por ser dueño dominante de los hechos que acontecen por naturaleza. La viva ilusión del tiempo y el espacio tratando de ser dominados humanamente, creyéndome en ese eterno retorno bajo dueño de mi existencia. Me hago una pregunta y traslado a ti que me lees desde este artículo, ¿de verdad percibes que la existencia misma es voluntad absoluta? ¿Aprecias el continuo devenir de los acontecimientos que escapan a tu control, pero son parte de esa existencia? ¿A que llamamos control? ¿Somos ese control?



La humanidad de un modo u otro vive conscientemente los hechos que no son controlables, suceden en el presente que hoy podemos haber llegado a vivir en confinamiento: el aburrimiento, el hastío, el dolor, las expectativas inconclusas... Todo ocurre alrededor de nuestra existencia, formando parte de ella, llegando a nosotros, sin certezas absolutas... Los vagos intentos por crear poder sobre lo incontrolable serán en efecto eso, vagos intentos por crear poder sobre lo incontrolable. Si bien la vida sigue ocurriendo, además, aquello que otorga valor en ella para nosotros también. Podemos convivir con el aburrimiento aceptándolo, dotándole de cualidad ¿cómo es el aburrimiento? ¿Tiene materialidad para mí, algún lugar en mi cuerpo? Puedo permitir que conviva conmigo, mientras hago presente del mismo modo aquello que da valor a mi vida, sin la intencionalidad de controlar, tan solo permitiéndole estar.


Existen acontecimientos drásticos, que apreciamos normalmente como negativos y que llegan a nuestra vida sin control ninguno, a la par que pueden llegar a cambiárnosla por completo tanto en nuestro presente como en nuestro futuro. Hablo de las malas noticias. Rescato que hay varias perspectivas, una es la que yo como ser que existe percibo única e individualmente en la mala noticia sobre mi vida, la otra es la que el entorno me informa de esa mala noticia. En ambos supuestos, no es cómodo para nosotros tanto recibir la mala noticia como que alguien tome la decisión de emitírnosla. Así pues, podemos tener en cuenta empáticamente la dificultad desde ambas perspectivas y sabernos no como dueños de la mala noticia per se, aunque si de como la integramos experiencialmente, a la par del efecto que quien la informa desea conseguir en quien la recibe responsablemente.


No hay manual en esto, vívete como necesites, si bien te abro algunas recomendaciones psicológicas primero dirigiéndome a ti quien recibes la mala noticia. Te invito a parar, descansa, lo que has obtenido, no es agradable y tienes todo el derecho a experimentarte y a experimentar lo que sientas: tristeza, miedo, desesperanza... Así como los pensamientos que te vengan, que por ende tanto como aparecen en tu mente, también se irán... son solo eso, pensamientos. Cuando encuentres el momento, capta tu apoyo social o tu apoyo mismo, tu humanidad sigue siendo valiosa y a su vez lo que valoras de tu vida, puede seguir contigo o resignificarse. Sean cuales sean tus respuestas desde tu sentido vital, date tiempo y ritmo para encontrarte con lo que valoras en ti y en la vida, conviviendo con el efecto que ha creado la mala noticia.

Me dirijo ahora a ti, quien emites la mala noticia. Se que no es agradable, puede generarte temor si además también la diriges hacia una familia, por ejemplo. No deseas quitar esperanzas a nadie, por eso mismo, deseo de todo corazón que seas consciente del impacto de lo que vas a transmitir y de la resonancia que eso obtiene en la persona (s) hacia la (s) que diriges. Todo ello lo puedes evaluar en términos de contexto.



  • En la medida de lo posible, date cuenta del espacio que deseas crear para dar la mala noticia, haciéndote conscientemente de ti mismo, y de favorecer el encuentro con la (s) persona (s) sin interrupciones externas. Un lugar privado puede serte de mucha ayuda. Nunca va a estar demás, preguntar no obstante todo a quien recibe la noticia y si quiere estar solo o acompañarse de seres queridos.


  • Intenta amablemente interesarte por lo que esa persona comprende o sabe hasta ahora, si es el caso, acerca de la mala noticia. Trata de notar el tono emocional con el que esa persona transmite como vive la situación, las posturas, distancias, el uso de silencios...

  • Invita a quien dirijas la mala noticia, a que comparta lo que desea prioritariamente recibir. ¿A qué nivel desea saber lo que está pasando? Abre la posibilidad, a dejar si así necesita otro momento en el que seguir recibiendo la información de la mala noticia.


  • Es el momento de transmitir la mala noticia. Intenta adaptarte de la manera en que esa persona o personas, han compartido el deseo de recibir la noticia, por ejemplo: informándola sin entrar en detalles, o por el contrario de manera completa, enfocando a la acción. En todos los casos, tal (es) persona (s) tienen derecho a expresarse afectivamente como necesite, siempre en la medida en que no implique daños sociales y/o sobre ellas mismas. En el proceso, trata de emitir en porciones pequeñas, humanamente, refuerza y clarifica tanto lo que expresas como al entorno, chequea lo que se comprende y explica bajo la mirada de quien recibe, entendiéndolo en su vida.


  • Habiendo transmitido, acompaña, hazte presente situando las reacciones que aparezcan. ¿Son socialmente aceptables? ¿Están ayudando a aliviar o sobrellevar el problema o son un nuevo problema? ¿Se pueden manejar? Pide ayuda si lo necesitas, trata de modificar, contener, apoyar... Si algo no puede ser modificado, acéptalo, acompaña y sigue presente de la manera en que te sea posible.


  • Si está en tu mano y puedes ayudar a aclarar alguna confusión con la mala noticia, y reorganizarla tanto en el presente como en lo sucesivo, ofrece una visión presente, realista y de guía. Trata de mostrarte al lado de la persona o personas a las que has transmitido esa noticia si te es posible, ten sensibilidad para abordar lo que se desee, acepta las opiniones y puntos de vista, respeta la incertidumbre y trata de reducirla. Puede ayudarte desarrollar un plan, y hacer un resumen final validando emociones y conductas.


José Manuel, Psicólogo General Sanitario de Adomini


Referencia: Alves de Lima, A. E. (2003). ¿Cómo comunicar malas noticias a nuestros pacientes y no morir en el intento? Rev Argent Cardiol, 71, 217-220.

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