Mindfulness y educación

Actualizado: ene 26

En la época de las nuevas tecnologías, no es de extrañar que antes o después tuviera que aparecer algo (un poco) de sentido común, para ofrecer una “desconexión” a aquellos usuarios habituales de dispositivos electrónicos.


Entre estas técnicas de desconexión, llama la atención la denominada mindfulness, que viene a ser un ejercicio de concentración en el momento presente a través de la focalización de la respiración.



No deja de ser curioso, que uno de los mecanismos más antiguos que existen de relajación sea ahora recuperado, justo ahora. Pero dejando las divagaciones de lado, hemos de hacer una valoración sobre qué nos puede aportar el mindfulness de manera general, y en particular a la educación.


En primer lugar, practicamente todo el mundo puede aprender a meditar a través de centrarse en su propia respiración si tiene un buen profesor para ello. En los últimos años, muchos psicólogos se han especializado en técnicas de relajación de este tipo para tratar todo tipo de trastornos y para combatir la ansiedad producida por los mismos. De hecho, incluso en el mundo empresarial podemos encontrar grupos especializados enfocados en el cuidado del empleado y que utilizan el mindfulness como medida esencial en sus sesiones. No podemos obviar pues, que el mindfulness está para quedarse pero, ¿podemos hacer que los más pequeños se aprovechen de él?


Sí. La respuesta es clara y concisa, pero requiere de una explicación. Actualmente, la sociedad demanda cada vez más que los más jóvenes adquieran una educación emocional en las escuelas e institutos, y es justo por esto que ya existen comunidades autónomas (como la canaria) que ya han incluido en su currículo oficial contenidos enfocados a este ámbito. Con todo esto, el mindfulness se muestra como una herramienta de uso sencillo para este objetivo, y es que sus resultados muestran cómo, a partir de edades muy tempranas (5 años), ya genera resultados muy positivos en la autorregulación emocional de sus usuarios. No es de extrañar que si a los adultos les viene bien, a los párvulos también les ayuda a gestionar sus emociones y a enseñarles a enfrentarse al mundo desde una perspectiva más sosegada.


A modo de conclusión, simplemente me gustaría añadir que vivimos en mundo de locos: cada uno va a su bola, el individuo está muy por encima del grupo e incluso muchas veces hasta la vida familiar se ve perjudicada por ello. Por eso, centrarnos en educar emocionalmente a los más pequeños, va a ayudar a la sociedad a crear buenos ciudadanos, que tengan claras sus prioridades, y seguro ayudará a hacer del mundo un lugar menos agrio y más humano.


José Nogueiro

Psicólogo sanitario y Orientador escolar

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