Ser responsables de la salud

Un llamamiento que hago sin mucho ruido, un llamamiento con la insignificancia de mi individualidad ante un sistema político deshumanizante, que aboga por una supuesta “nueva normalidad”. En este artículo, algo distinto, no planteo ninguna normalidad, ninguna normopatía, ni mucho menos la que arrastrábamos antes de esta cuarentena. Planteo cuestionar cual es la sostenibilidad global bajo una dialéctica común. Dicho sea de paso, doy camino a un empoderamiento con el único ánimo de preponderar en este caso, la salud. Una salud pública por y para las personas, que proteja también a sus profesionales. Profesionales de todo tipo de perfil sanitario, sean junior o senior. Que no legitime ni permita saqueos de corte económico. Saqueos que benefician a quienes efectivamente saquean... que nos hunden... Pero eso es otra historia. Deseo el continuum reflexivo, de la medida en que somos responsables bajo sostén del fundamento teórico-científico.


Mucho leo de profesionales de la ciencia del comportamiento sobre como debiéramos crear entrenamiento conductual que apele a reforzar la responsabilidad sobre lo colectivo, en este caso, siendo lo colectivo, la salud: ¿incentivar las conductas prosociales?, ¿visibilizarlas?... A veces nos encontramos con conductas desde lo social que solo castigan la irresponsabilidad individual, sin plantear críticas al contexto que facilita dicha irresponsabilidad. Para que una conducta de irresponsabilidad se mantenga, hay una interacción con su ambiente que subyace ¿Qué antecedentes han creado el caldo de cultivo, para que lleguemos a suponer que movernos vitalmente de una manera autónoma, no genera efectos sobre lo colectivo? Obtenemos solo una pequeña cara de personas rompiendo el confinamiento, cogiendo los coches a sus segundas residencias, saliendo con sus hijos a las calles, recreando reuniones sociales... Sesgamos la atención. La responsabilidad colectiva como concepto se posiciona más allá de la suma de esfuerzos y/o negligencias individuales en una sociedad, y aún así puede resultar ambigua porque ¿Dónde atribuimos la moral de las decisiones individuales? ¿Nos definen como grupo por el hecho de compartir la responsabilidad de la cuarentena? No tienen por qué definirnos. En contexto la responsabilidad corresponde esencialmente a la persona, lo cual no exime que dicha responsabilidad sea compartida. Crespo (2003, p.103) expone “puede decirse que una persona es responsable de un resultado solo si esta es responsable por actuar de un modo que, al menos parcialmente, causa dicho resultado”. El paradigma de la responsabilidad compartida plantea que el resultado de una acción puede unirnos en consecuencias, que generan interdependencia con el contexto que vivimos. Si determinadas acciones van encaminadas a traer el mismo fin sostenible o insostenible, “cada persona es moralmente responsable tanto del resultado como de sus propias acciones” (Crespo, 2003, p.104). Así, podemos quedarnos en el discurso de señalar solo la moralidad de los actos, o crear un discurso donde construyamos las respuestas que encaminan el mundo sostenible, base para una vida desde la salud biopsicosocial. La responsabilidad per se no es algo que vague sin dirección sobre el grupo, cada cual portamos el resultado que queremos cocrear en común, y en ello nacen los consensos más allá de las divisiones políticas ilusorias.


Te he mencionado la salud biopsicosocial, pero ¿qué es y porque resulta tan importante? En la salud nos une la responsabilidad compartida de situarla como uno de los máximos derechos fundamentales que nos corresponden como seres humanos. La salud no es una variable en la que nos vemos sometidos pasivamente para cuidarnos exclusivamente ante la enfermedad. El nuevo paradigma biopsicosocial de salud evidencia y fundamenta la salud como fin y medio de un equilibrio activo por el cual, todos como seres humanos somos responsables. Terris (1980) propone la salud como “estado de bienestar físico, mental y social, con capacidad de funcionamiento y no únicamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Engel (1977) previamente como uno de los pioneros en tal concepción de la salud vigente hoy día, sustentó que todos aquellos fenómenos propios de la misma no solo cursan desde lo biológico. Si queremos explicar la salud en total definición, lo psicológico y lo social, resultan indispensables. Entendamos en ello los roles, la adherencia a un tratamiento. la afectación del apoyo social y las buenas/malas noticias, que disponéis de sendos artículos también en el blog, La persona no es un mero objeto de lo biológico. La persona participa de su realidad de salud de manera dinámica: la narrativa verbal, las percepciones subjetivas, el sentido a los síntomas, la escucha, los valores... donde los profesionales de la salud, comprendemos situando hipótesis, sin negar esa realidad tan personal, extrayendo un significado doble: la vivencia humana diversa y la conducta verbal/no verbal (Bartz, 1999). Tenemos subjetividad, por ejemplo, cuando no pudiendo salir de casa en esta cuarentena echamos de menos a nuestra familia, hacer deporte, compartir momentos sociales, un abrazo... Significamos la vida psicológica y socialmente ante nuestra salud, bajo una idea de bienestar. Imagínate la cantidad de supuestos de salud en los que puedes atribuir lo psicológico y lo social...


Cuando lo biopsicosocial suena tan obvio en la salud, desgraciadamente no es tan obvio en la práctica. A pesar de la evidencia (Godoy, 1999; Cano, 2011; Latorre et al., 2012; Cassetti et al., 2018), la sanidad pública, la psicología y lo social, en definitiva, sus profesionales, luchan día tras día contra muros políticos, contextuales y de corte económico donde particularmente, centrándome en lo psicológico y lo social, quedan minimizados frente a lo biológico, sin presencia sostenible en el ámbito sanitario estatal español desde años y años. Las carencias y la falta de derechos profesionales crean precariedad, inserción laboral casi ausente y en consecuencia una salud de la ciudadanía que no es cuidada, por contra, se ve sustituida por intrusismo y pseudociencia. Plazas de la psicología en Atención Primaria insuficientes, carencia de incentivo económico en programas de promoción de la salud comunitarios, promoción comunitaria de la salud por tanto no contemplada institucionalmente y servicios sociales limitados, son solo algunos ejemplos.


Protejamos la salud pública hacia lo biopsicosocial, desde los agentes del cambio que nos hacen responsables compartidamente. Reflexionemos y veamos la atención en perspectiva. Planteemos respuestas en común primando lo sostenible como ciudadanía.

Concluyendo, hago visible tales premisas, siendo especialmente: garantías dignas de inserción profesional y derechos en la salud, bajo este artículo, en torno a la generación del cambio sanitario de Adomini. Te mando un profundo abrazo.


José Manuel Garcia Bustos, Psicólogo General Sanitario de Adomini



Referencias


Bartz, R. (1999). Beyond the Biopsychosocial Model. New approaches to doctor-patient interactions, 48, 601-607.

Borrell i Carrió, F. (2002). El modelo biopsicosocial en evolución. Medicina clínica, 119(5), 175- 179.


Cano Vindel, A. (2011). Bases teóricas y apoyo empírico de la intervención psicológica sobre los desórdenes emocionales en atención primaria. Una actualización. Ansiedad y estrés, 17(2), 157- 184.


Cassetti, V., Paredes-Carbonell, J. J., Ruiz, V. L., García, A. M., & Bautista, P. S. (2018). Evidencia sobre la participación comunitaria en salud en el contexto español: reflexiones y propuestas. Informe SESPAS 2018. Gaceta Sanitaria, 32, 41-47.


Catalán, V. G., & Talavera, M. (2012). La construcción del concepto de salud. Didáctica de las ciencias experimentales y sociales, (26), 161-175.


Crespo, M. (2003). Responsabilidad colectiva vs. responsabilidad compartida. Seminarios de filosofia, (16), 93-110.


Engel, G. L. (1977). The need for a new medical model: a challenge for biomedicine. Science, 196(4286), 129-136.


Godoy, J.F. (1999) Psicología de la Salud: delimitación conceptual (apartados 1 y 2 –pp. 39-45). En M.A. Simón (Ed) Manual de psicología de la Salud: Fundamentos, Metodología y Aplicaciones. Madrid: Biblioteca Nueva.


Latorre Postigo, J.M., Navarro Bravo, B., Parra Delgado, M., Salguero, J.M., Mae Wood, C., & Cano Vindel, A. (2012). Evaluación e intervención de los problemas de Ansiedad y Depresión en Atención Primaria: Un Problema sin resolver. Revista Clínica de Medicina de Familia, 5(1), 37- 45. https://dx.doi.org/10.4321/S1699-695X2012000100007


Terris, M. (1980). La Revolución Epidemiológica y la Medicina Social. Mexico: Siglo XXI.

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