Sentido vital y valores

Hoy es un día de esos a caballo entre los años 50 y 60... No se me ha ido la cabeza, o ¿puede que sí? Más bien, puedo dirigirla transportándola a nuevos paisajes, matices, lugares, recovecos... puedo llegarme a imaginar esos mundos con solo varios toques de tecla o arrastrando tinta de boli, carbonilla de lápiz... Tales actos se vuelven atemporales. De hecho, pueden marcarse en tiempos y lugares de épocas remotas o en los límites de la existencia.


Estamos como digo, algún día de aquellos años 50-60 del siglo pasado. La vida también tuvo entonces el vacío color de lo antinatural. De otra manera, similar a estos momentos inciertos, más en torno a la barbarie en las guerras pasadas y de entonces. Europa y el mundo estaban heridos, adquirían tintes de lo que entonces considerábase “el absurdo de vivir” en las gentes supervivientes que en efecto sobrevivían. Pues bien, un día te levantas, estamos en Viena y era tu primera consulta con el Dr. Viktor Frankl, psiquiatra de la Policlínica de esta ciudad... Estabas con apatía, no hay esperanza ante los años, todavía te vienen recuerdos escapando de la guerra, luchando contra el hambre, tu pelea entonces era un “¿y mañana qué?”, te sientes asolado, has perdido familiares, amigos, seres queridos en aquellos días pasados... El doctor Frankl, lanza una mirada evaluativa, aunque serena, y te muestra los asientos en los que os sentaréis. Después de relatar tu historia, siendo que Frankl contemplante y explorador en ella, se involucra, hay un momento que desafía el mismo tiempo y el espacio. El doctor Frankl te hace una pregunta: “¿Por qué no se suicida usted?” en otras palabras, el doctor plantea ¿qué es lo que hace que no te suicides? Puede sonarte rotundamente determinista, puede que, en exceso, una duda cruda, si bien, no redunda en ninguno de esos dos fines. Ni pretende determinar ninguna respuesta ni recrudecer la muerte, o el acto del suicidio, tampoco romantizarlos. La muerte y el suicidio son cuestiones que lejos de los mitos desgraciadamente asentados en el mundo de hoy, es imprescindible hablar de una manera directa y humana cuando así se necesite. En este caso, cuando Frankl te planteaba a ti, lector, esta pregunta y a los pacientes que atendía, está invitándote a ahondar en lo que te aferra humana y vitalmente a tu propia vida. Este escenario que te he sumergido con esta pregunta final o con el contexto en sí, no están elegidos azarosamente, es una pregunta que nos podríamos hacer en cualquier momento. Te invito a que visites al Doctor Viktor Frankl, en su obra “El Hombre en Busca de Sentido” vengas de donde vengas, seas de donde seas, es algo que no dudo que todas y todos deberíamos hacer al menos una vez en la vida... Descubriréis el testimonio de un hombre que sobrevive a varios campos de concentración nazis, demostrando con su propia vida la pura esencia de la humanidad. Voy a ir revisitando al doctor en este artículo si me permitís.


Y bien, ¿tienes una respuesta a la pregunta de Frankl? Puede que tengas varias o estés buscándolas. Los pacientes del doctor a veces respondían, “mis hijos, el amor de mi vida, un proyecto, un libro, los recuerdos...”. Cada persona sitúa el significado de su vida en aquellos elementos que le otorgan valor. Así, hablamos del sentido de la vida, y en efecto, cada ser humano se responsabiliza de ella, la direcciona. Frankl (2015) describió la voluntad de sentido como: la búsqueda del ser humano ante el sentido de su vida. Para Frankl, una acción comprometida, el amor y el sufrimiento son tres medios y motores esenciales de esta voluntad de sentido. Con el primero, dirigimos efectivamente actos coherentes con nuestros valores, por ejemplo, cuidar de un ser querido bajo el valor de la familia o tocando un instrumento representando el valor de la música. Con el segundo, el amor, una persona adquiere consciencia de la manera en que se responsabiliza ante su existencia o la de otra persona, con su afecto o dirigiéndose a una obra material o inmaterial a concluir. Con el tercero, el sufrimiento, es delimitado ante realidades vitales que no se pueden cambiar, a las que uno por ende se ve enfrentado, y donde adquirimos una actitud por la cual significamos el dolor natural de la vida sin modificarlo. Es propio de la vida humana sentir dolor, del mismo modo en que trazamos acciones en nuestra existencia coherentes con nuestros valores o sentimos el amor que nos mueve a ellas.


Hablamos mucho de los valores, pero ¿qué son, cómo los definirías? Pues bien, en el momento en el que te pregunto ¿para que vives? Podemos llegar a describirlos, es decir, pueden desplegarse en ti, algunas actitudes contigo mismo y con tu contexto, que explican las áreas de tu existencia, o por lo menos, precisamente aquellas que das importancia y con las que desarrollas conductas: “Vivo para ser buena persona” “Vivo para hacer deporte” “Vivo para comer cosas deliciosas” “Vivo para estar sano”, no hay una respuesta correcta ni incorrecta, y además los valores son flexibles, diversos. No valoras lo mismo o del mismo modo cuando tenías 12 años que cuando tienes 40 por ejemplo. Construimos nuestros valores de acuerdo a nuestra búsqueda de sentido a lo largo de nuestra vida, y en ello de una manera u otra, trazamos el mero hecho de existir. Los valores son verbos y también a veces adjetivos, denotan la calidad que queremos fomentar en nuestras acciones y definen el tipo de persona que deseamos ser o la percepción que tenemos de la vida (e.g., ser amorosos, transparentes, leales, creativos) (Jurado, 2017).


Como bien dijimos hay actitudes con las que afrontamos el sufrimiento, es decir, formas en las que nos movilizamos a evitar que ocurra o aceptándolo, dado que forma parte de la vida. Puedo hacer esfuerzos sobrehumanos para no pensar en algo malo que me haya acontecido, y/o someterme a la inactividad de ese acto deliberado de pensar; también puedo comprometerme a que, a pesar de ello, de lo que no se puede cambiar, cuide de mis valores. En solo uno de los supuestos estoy aceptando la vida como voluntad de sentido, y es efectivamente cuando pongo mis valores en el centro y me oriento a ellos. Como ves si algo define a los valores, es que son actitud, probablemente más verbos que adjetivos.


Invitándote a que cuides de lo que da valor a tu vida, a que busques tu sentido en ella, te mando un profundo abrazo.


José Manuel Garcia Bustos, Psicólogo General Sanitario de Adomini


Referencias


Frankl, V. (2015). El hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder Editorial.


Jurado Andino, M. (2017). Una Mirada Introductoria a la Terapia de Aceptación y Compromiso. Revista Griot, 10(1), 70-87. Recuperado de https://revistas.upr.edu/index.php/griot/article/view/11907/11418


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