¿Soledad no deseada o soledad socialmente permitida?

Querido ser humano que atiendes estas líneas y vuelcas tu tiempo en acompañar estas palabras... Quiero agradecerte esta presencia que involucras en la lectura, desde el tiempo y lugar en el que te encuentres o con quien compartas el confinamiento de estos días complejos. Hay algo que quiero invitar a darte cuenta, cada día que atravesamos desde nuestras realidades vitales, es un día desde el que convivimos con nosotros, un día en el que existe la firme sensación de existencia, una conciencia decidida, puede que automática, un discernimiento de que somos quienes somos con nosotros, insignificantes por otra parte, entre la vastedad de un universo amplio de espacio y posibilidades. Te invito a plantearte algo más, no somos seres pasivos, desde los que la propia sensación de convivencia con nosotros mismos sea algo estático, tiene efectos humanos significativos. Efectos que hemos aprendido a significar como especie y a lo largo de nuestras historias vitales. El ser humano con sus conductas toma en cierta manera el control de sus interacciones con su ambiente, y viceversa. La conducta humana tiene un sentido en el amasijo vital del que formamos parte, se sitúa en conexión con el otro, en una interdependencia, en la que obtenemos cuidado, acompañamiento, también conflictos, pero además resoluciones entre muchas experiencias... De la interdependencia, alcanzamos autonomía, elegir, vuelta de nuevo, como convivirnos y convivir.


Llegados a este punto querido ser humano, deseo de todo corazón que reflexiones acerca de cuándo se pierde la posibilidad de elección de cara a convivir desde nosotros y hacia nuestros seres queridos, o sencillamente otros seres humanos. Bajo mi perspectiva, sencillamente, la vida se vuelve antinatural, crecemos sin la posibilidad de elegir sobre la manera en que desearíamos convivirnos y/o convivir con el otro, avanzamos con el dolor que significamos en tanto, percibimos la soledad que no deseamos, que, por otra parte, el ambiente, personas que han elegido el lugar desde el que situarse parecen obviar... o quizás ¿habría que ser críticos con el contexto cada vez más individual y deshumanizante, contextos de realidades laborales con disponibilidad 24/7, de ausencias de conciliación? Lo que es seguro, es que mientras estas líneas son acompañadas por ti, hay otros seres humanos que están sujetos de pies y manos en la condición de soledad no deseada. Como se extrae de los datos aportados por Díez y Morenos, en su informe de 2015 sobre la Soledad en España, el mayor porcentaje que se obtiene al respecto refiere a población jubilada/pensionista suponiendo nada más y nada menos que un 40%, e importante, un 41% de esta población, viven solas por obligación. Si además tenemos en cuenta que el alza demográfica de población de edad tiene un incremento anual constante, es muy probable que estas cifras de soledad no deseada también hayan ido encaminadas al alza hasta hoy. Sea cual sea la cifra, cuando la soledad no se elige, existe el aislamiento.


La psicología, y desde Adomini, la psicología a domicilio, pueden ser la herramienta sostenible que acerca el convivir, un convivir terapéutico acompañante, escuchante y presente ante la soledad no deseada. Y desde todos, en la medida en que podemos formar parte de la vida de nuestros mayores, hablemos, seamos personas que conviven entre si humanamente basando el cuidado, la ayuda mutua, y la responsabilidad. Gracias por tu tiempo y llegar hasta el final, te mando un profundo abrazo, y ánimos para seguir afrontando esta cuarentena.

José Manuel García Bustos, Psicólogo General Sanitario de Adomini


Referencia: Díez Nicolás, J., y Morenos Páez, M. (2015). La soledad en España. Madrid: Fundación ONCE Y Fundación AXA.

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